Dora Gabay

De ayer a hoy, Dora Gabay ya modela su futuro

“Lo que hago es un dictado del alma el cual sigo a pie juntillas”

Si usted piensa que un escultor o una escultora- es una persona meditabunda, de poco sonreír, con la mirada fija en el mármol o en el barro, que habla más bien poco y tratando de sacarse conceptos desde lo más profundo, no está pensando en la escultora venezolana Dora Gabay.

Dora GabayDora tiene unos ojos como la Novena Sinfonía de Beethoven, son grandes amplitudes, hondas penetraciones espirituales y también estallidos de alegría, ojos y miradas creadoras de sus propios ambientes. Piensa uno que dentro de esos ojos se refugian todo tipo de sentimientos, ese variadísimo y expresivo universo de sentires humanos que refleja en su ya sólida y larga obra escultórica.

Ella dice que no, que las vidas y miradas de los múltiples hombres, mujeres y niños  se mueven en el barro, para después pasar a la resina o al bronce hablan, preguntan, invitan, explican, están guardadas realmente en sus manos, que son las que convierten unos kilos de barro en una negra maravillosa que baila tambor con la falda al voleo y una mirada que es Barlovento puro, o en una sonriente mujer que abre los brazos para darnos una bienvenida que despliega afecto y alegría sinceros, o un heladero con una mirada tan dulce como los helados que abre a la imaginación sabrosa de los niños.

Pero íntimamente pensamos que la inspiración, lo que es “el artista”, está más adentro y más difundido, en los ojos que miran, en el cerebro que guarda, en la experiencia que interpreta, adapta y transforma, en el corazón, el alma, el espíritu, que son lo mismo que proyecta humanismo y amor en formas humanas.

“¿Cómo fue al principio, soñabas de niña en figuras, en personas hechas sentimientos?”

“De niña y de adolescente fue ser niña y ser adolescente”, rememora, “como toda niña, los descubrimientos de todos los días, las preocupaciones por los deberes del colegio; lo que si te puedo decir es que he sido una gran observadora, de niña recuerdo la vida en Barlovento en las playas y en los seres, creo que todo eso quedó en la memoria y ahora da sus frutos”

“¿Familia y hogar de artistas?”

“No”, responde con cariñosa melancolía, “familia y hogar de gente de trabajo, de saber cumplir las responsabilidades, de trabajar duro de sol a sol”. Hace más memoria y agrega: “también con gran habilidad artesana, mi papá pintaba un poco sobre todo paisajes de Barlovento, tocaba de muchacho violín aunque nunca lo vi, yo no había nacido; tengo un hermano en Barlovento, Saúl Gabay, que es el pintor y profesor de arte de ese pueblo de araguaneyes, de mares, de montañas y de la laguna de Tacarigua. Creo que mis hermanos y yo heredamos esa especie de genética de hacedores”.

“Y la escultura, ¿cómo empezó?”

“Las situaciones de la vida me llevaron a descubrir mi talento, para mi fue una sorpresa descubrirme en esto. Yo no tengo ningún grado de instrucción especial aparte de lo que he ido aprendiendo en unos 20 años,  lo que hago es un dictado del alma el cual sigo a pie juntillas”

“Demos un salto en el tiempo, porque veo por acá algunas figuras que no son gordas, no son personas, pero… ¿cómo son tan humanas?

“¿Mis libélulas?”, la mirada le revolotea, “éste es un juego más, me puse el reto de pensar en caricatura ya que soy fanática de las comiquitas, es lo que más veo, y quise darle expresión a una libélula y por allí va la cosa pero esto es sorpresa hasta para mi; ya tengo desarrolladas nueve cada una con su nombre, posiblemente haga hasta una historia de todo esto, una exposición temática”

“¿Qué es Dora Gabay realmente, o hacia dónde caminas? ¿A la escultura o a ser una excelente fundidora?”

“Soy solamente un ser buscando y dejando que cosas nuevas me sorprendan como a un niño, me divierto con todo lo que hago, no quiero ser fundidora pero creo que todo escultor debe saber y conocer cada paso de este proceso; a mí en lo personal me gusta conocerlos todos, por tal motivo ya he montado tres fundiciones, he aprendido hacer casi que fundiciones portátiles; mi trabajo me lo exige y yo le hago caso, siento que es una responsabilidad conmigo y con quienes adquieran mis esculturas, que cada paso desde su nacimiento se cumpla a cabalidad”.

“Sé que has estado haciendo contactos en Paris y Berlín… ¿no has pensado en Florida o Nueva York?

Por supuesto, donde me inviten yo voy”

“¿Tienes prevista alguna nueva exposición, en qué trabajas actualmente?

“Si, ahora mismo estoy trabajando en un nuevo proyecto con piezas que están cargadas de un gran contenido psicológico, de sorpresas”. Se detiene, mira a su alrededor en su taller que es un universo de opciones, se decide y adelanta algunos indicios; “tendrán movimiento literalmente, y para esto he tenido que estudiar sobre rodamientos, ejes, en fin, en mi mente esta vez todo se mueve y se amplía, este proyecto me ha llevado a investigar sobre los acrílicos, utilizaré diversos materiales, mucho color para hablar de cosas que sentimos, de lo que somos,  vivimos de cierta manera buscando tantas cosas afuera pero todo lo que buscamos esta dentro, serán personajes circenses”, ahora la mirada de la escultora experimentada y exitosa se llena de niñez, “amo el circo, la magia, el color, la sorpresa y en ese mundo estoy jugando y avanzando”.

“¿Y lo típico nuestro, Dora, esos tambores, esas formas, esos juegos y risas que has compuesto hasta ahora en tus piezas?”

“Muchas personas en mi país me identifican con nuestro folklore porque gran parte de mi obra ha tenido que ver con este tema. La mujer que lava, la que hace arepas, el niño que juega con el trompo, la alfarera, y muchas otras, figuras que han rodado ya por el mundo y que afuera consideran como algo exótico”. Se detiene un instante, rememora, “El poeta ruso Yevgueni Yevtuchenko, a quien tuve la oportunidad de recibir en mi taller y que tiene una escultura mía, me dijo que mi obra estaba ‘cargada de mucha ingenuidad, sencillez’ y si te pones a ver es así, son gente de este pueblo nuestro que, en la práctica, el venezolano popular es ingenuo, tiene una ingenuidad que es expresión en sí misma”

“O sea, tu avance innovador no ha hecho que abandones a esos ingenuos e ingenuas maravillosos, tan expresivos?”

“Ahora estoy ya trabajando en una serie múltiple, en formato pequeño, que será para exportación; me propongo llevar estos pequeños formatos al mundo y así conocerán mas de nuestra cultura, ¿no te parece?”

El taller de Dora Gabay da la impresión de una variedad en orden. Una mirada en panorama muestra los implementos de trabajo, partes de esculturas  que muestran, cada una y eso es lo más sorprendente, expresión, vida, movimiento por sí mismas. Sus gordas y sus niños con ojos que son formas de mirar, siguen habitando ese mundo, testigos activos de nuevas generaciones de expresión

Dora Gabay está experimentando en busca de movimiento que no sea sólo expresión sino que se mueva realmente; entretanto, las maravillosas libélulas ya empiezan a volar, cada una con su carácter, su propósito, caricaturas que más que hacer reír, hacen pensar, recordar y reconocer.